Cubierta de dudas

Esto parte de una reflexión que surgió el domingo pasado en mi Twitter. Si la queréis leer aquí está. Va muy unida también a la entrada de esta semana en Plan de cuidados literario.

Necesitaba volver aquí, a las Cerezas, para explayarme y hablar de dicha reflexión en profundidad.

Llevo unos días dándole vueltas a varias cosas. Cosas de mi vida personal, otras sobre el trabajo (las que menos), algunas sobre los estudios de la oposición y muchas sobre escritura, que es de lo que pienso hablar hoy, de escribir. Hay demasiada idea suelta sobre la mesa en la que me gustaría profundizar y estoy en una época de estas mías cíclicas de autoanálisis y estudio de lo que quiero seguir haciendo. Sí, suele coincidir con cuando acabo un proyecto (Lettere en este caso).

El caso es que, a media tarde, con el cuaderno abierto por delante y pasando a limpio el boceto de entrada semanal que había escrito esa misma mañana, estaba con la mente distraída. Me pasa a veces, simplemente me centro en teclear de forma mecánica aquello que tengo delante mientras estoy pensando en otras cosas al mismo tiempo. Me sirve de alimento al flujo de ideas en el que ando sumergida y de ahí pueden salir cosas interesantes.

De entre todo lo que estaba pensando acabé, no sé cómo, recordando este sitio, mis Cerezas. Como digo en ese hilo de Twitter, que empecé a teclear de inmediato, no escribo en serio por aquí desde el año pasado. Que sé que ha habido una entrada antes que esta, publicada en 2017, pero hablo de otra cosa. De abrir el editor y dejarme llevar. De sentarme con ilusión frente a la página abierta, dispuesta a expresarme lo mejor posible. De pasarme los días anotando frenéticamente en el cuaderno mil ideas para trasladarlas aquí.

Desde que hice el parón en mi web para preparar la recta final del EIR el año pasado he escrito mucho menos aquí y hubo un punto, en enero, que lo dejé de forma definitiva. Coincidió, además, que a final de mes, cuando reinicié las publicaciones periódicas en la web, que se me acumularon ciertos asuntos personales que me tuvieron más que atareada y decidí centrarme en mi lado serio, digamos.

Pero me da pena. Aquí guardo muchísimos recuerdos. Montones de entradas y textos que, creo, muestran mi evolución, no sólo como escritora, también como persona. Creo que el hecho de que siga emocionándome leer algunas de esas entradas es buena señal.

Es por eso que a ratos echo de menos venir aquí, la espontaneidad que me suponía, ese dejarme llevar. Pero ahora es diferente, ahora es eso algo que aprovecho y vierto en mis escritos. Escribo mucho más en papel, como nunca había hecho. Me fundo las hojas a una velocidad increíble, comparada con unos años atrás, y en ellas es donde estoy siendo espontánea, donde me dejo llevar. Mis cuadernos, ahora mismo, es donde contengo toda esa creatividad que lucha día a día por salir de mí. A partir de ahí es de donde obtengo el material de mis proyectos, entre otras cosas.

Obviamente, de todo lo que ha salido, sale y saldrá de esa conexión que antes tenía con el editor de Blogger y que ahora tengo con los diversos cuadernos que paseo allá donde vaya, hay mil cosas que jamás saldrán de ahí. Borradores. Y otras mil cosas que tampoco verán la luz de momento, no mientras no las haya pulido y menos mientras no decida qué hacer con mis textos en un futuro.

De ahí que sienta que no tenga mucho por decir por aquí. Así de triste .Supongo que es parte de crecer en esto de escribir. Evolucionar.

He pasado, pues, de venir a menudo por aquí a volcarme en escribir en papel, sobre todo, y en un nuevo sitio, mi web en este caso, donde me siento más cómoda y más segura. Que me contiene y me representa. Donde estoy bien, en resumen. No digo que aquí haya estado mal, es simplemente que esto ya no me representa ni me contiene tanto como hacía antes. Estoy centrando mis esfuerzos en otro lugar y, claro, tener dos páginas abiertas tan "parecidas" implica un esfuerzo que ahora mismo no soy capaz de hacer.

Además, he probado a volver por aquí varias veces. No es algo a lo que me haya rendido, sin más, he intentado escribir antes de darlo por perdido. Pero no ha surgido como antes. Me he atascado desde las primeras líneas y no he podido seguir. Nada que ver con lo que me ocurre cuando me siento frente al editor de texto de Plan de cuidados literario, que cuando me pongo más o menos ya tengo claro de qué voy a hablar. Aquí no me ha pasado desde finales del año pasado.

Supongo que esto no es más que la crónica de una muerte anunciada. Tanto tiempo de abandono no es propio de mí, nunca me había pasado. Ya ni entro, y eso que es un sitio al que le tengo apego: mi viejo blog, mi rincón de internet desde 2008, mis Cerezas. Todo tan yo.

Pero, como digo, me resisto a echarle el cierre definitivo. Soy una sentimental, creo que está más que comprobado. También soy un mar de dudas, estoy cubierta de ellas, y no termino de decidirme ni de dar ningún paso, en una dirección u otra.

Comentarios

  1. Ay, manita, cómo te entiendo.

    Recuerdo aún cuándo abriste el blog (e incluso el LiveJournal que lo precedió), me ha encantado leerte durante tantos años por aquí, pero... Sí, siempre hay un "pero", ha habido muchos cambios en tu vida y aunque sea muy duro, emocionalmente hablando, creo que es hora de pasar la página de este cuaderno que lleva nueve años contigo.

    Un besazo enorme.

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    1. Son tantos años... Está claro que en algún momento habrá que decir "hasta aquí", pero aún así me resisto. La morriña es el lado oscuro de la Fuerza y me está llamando y poniendo ojos golositos.

      Seguiré escribiendo, de eso que no quepa duda. Eso no pienso dejarlo.

      Besos, manita.

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Gracias por leer esta entrada de Una enfermera rodeada de cerezas.
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