11 nov. 2016

Cuando me pauso

Me invaden las ganas de crear cuando me pauso.

Me crecen los helechos en el pelo, dejo de ser un tronco muerto, unas ramas grises alzadas, y empiezo a contemplar la vida. Me tiño de verde musgo, verde hojas. La humedad empieza a ver sus frutos. El frío incluso deja de pesarme, se convierte en aliciente para el crecimiento.

Viajo. Me veo a cientos de kilómetros, rodeada de montañas. El aire me corta la cara y las manos, estoy en una posición elevada donde los sonidos del ambiente y mi perro son mi única compañía. Desde aquí, el blanco de las paredes de las casas se funde con el verde de la vegetación, la misma que siento que llama a mi puerta y se extiende hacia mis miembros. La misma que pide fusionarse a mis entrañas. La misma a la que dejo pasar y que me invada.

Estoy a demasiados kilómetros de distancia de lo que veo, pero siento su frío aire, la sensación del sol como única fuente de calor mientras dure el día. El brasero y sus olores. Las noches de lectura bajo mantas y su peso al dormir. Mi perro en todo momento a mi lado, los dos juntos tomando el sol en mitad de la azotea.

Me invaden las ganas de evasión cuando crear es una pausa en el camino que estoy vetándome continuamente.

"Narcotics cannot still the Tooth
That nibbles at the soul—"
Emily Dickinson

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