12 jul. 2016

Light of the Seven


He comenzado las mismas palabras una y otra vez mientras el mundo se desmorona a mi alrededor. Me quedo entre la arenilla y las piedras de lo que fue y ya nunca más será, de lo que ardió y ahora es ceniza. Me golpea como una oleada que me arrastrará hasta la sima, hasta lo más profundo y negro del abismo.

Mientras contemplo el mundo deshacerse entre mis dedos soy víctima de mí misma, de mis decisiones y dudas, de lo que he dejado atrás y lo que me falta por encontrar. Hoy ya no hay salvación para mí, no la habrá mientras siga en el mismo punto de la partida y solo me dedique a dar vueltas y más vueltas alrededor del mismo sitio. El tiempo volará o se detendrá, pero a mí ya no me importará porque ya estaré lejos, tan lejos de todo que la ausencia no podrá ser cubierta por nada.

Las calles amanecen ahora desiertas. El sol ni siquiera se cuela entre los ladrillos y el asfalto. Ni siquiera las sombras han despertado. El mundo está desierto, todo cascotes, todo ruina. Mis pasos resuenan con el eco del fantasma que se sabe en una dimensión paralela, no en la realidad. Alguien que buscaría su sitio en el mundo si tuviese claro que éste existe.

Pero ya no. Ya no está, ya no se le espera, ya no aparecerá. Todo se ha caído, todo lo ha derrumbado y tirado abajo los diversos terremotos que me han sacudido por dentro. Ahora solo queda el fuego en forma de rescoldos, de columna de humo que aún se eleva por encima de estos escombros. Sólo me queda alejarme con paso continuo y sin disminuir la velocidad, no dar la vuelta, no volver a mirar atrás. Lo mismo algún día encontraré otro horizonte donde construir algo de lo que queda en mi interior. Lo mismo algún día encontraré esa parte de mí que ahora creo desaparecida para siempre.

Pero hoy no ese ese día: hoy marcho entre restos de un mundo que ya nunca más volverán a contemplar estos ojos. Si eso, algún día verán un espejismo de todo esto, una fantasía, y como tal se desmoronará a una velocidad mayor de lo que lo hizo ahora, estallará en cuanto abra los párpados. Se esfumará y será un recuerdo del humo entrando por mis fosas nasales, de los restos de cristal y otros trozos de las piedras de los edificios que rasgaron mi piel a pesar de hallarme a distancia, en posición privilegiada, cuando todo saltó por los aires.

A quién pretendo engañar: la primera que se volatilizó y desperdigó por el aire, hecha fragmentos, pedazos, irreconstruible para siempre, fui yo y todo lo que alguna vez fui, todo lo que alguna vez llegaré a ser. De mí ya no queda nada, ni siquiera la memoria de que alguna vez existí. De mí ya no queda ni un triste hueso al que blasfermar por el daño o al que llorar por su extinción. De mí no quedan ni las cenizas ni el alma. Ni siquiera soy polvo en el viento. Nada.

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