16 jun. 2016

Metáforas y refugio


Su primer nombre no oficial fue la primera palabra que acudió a mí cuando la forma y el fondo apenas habían despuntado en el folio. Como tantas otras, podría haberse quedado en el limbo de las anotaciones que no llevan a ninguna parte, pero prosperó y creció entre temarios.
Su segundo nombre no oficial es "refugio": todo está contenido en o entre sus páginas. Incluso lo nuevo, lo aún no escrito, en formato notas.


Ahora mismo reposa sobre mi mesa tal cantidad de papeles que puede llegar a ser caótico a ratos. Viven sobre esta superficie, ahora decorada con un mantel blanco de rayas de colores que dibujan cuadrículas, el último tema que estoy estudiando y el esquema correspondiente. Al lado, para recordarme lo pendiente, el planning mensual y el calendario del mes. La agenda tampoco anda lejos, mis últimas letras tampoco: en mi cuaderno literario abundan palabras que van pidiendo su espacio. Además, guardo aún dentro de mí la chispa de una posible idea aún primitiva y reciente que, antes de que se extinga, acabaré pasando a sus páginas.

Todo este bodegón de papel es mi mejor retrato, la mejor manera de reflejar qué soy y qué hago en estos momentos.

Cruzo los dedos: necesito que Before I forget atrone de nuevo, acabar la corrección que me tiene tan entretenida en estos momentos, seguir avanzando y no estancarme. Necesito sentir que mis días son algo más que unas horas de estudio. Cruzo los dedos porque necesito que ese "refugio" sea algo más que mis palabras marcadas de rojo mientras espero, mientras los temas terminados se acumulan.

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