19 may. 2016

Estas palabras

Estas palabras dejarán de existir. Al igual que tantas cosas a nuestro alrededor que acabarán descomponiéndose en sus unidades más elementales, estas palabras se esfumarán de la nube donde se almacenan, dejarán de estar disponibles en la pantalla donde ahora se reflejan. Si acaso alguien recordará haberlas leído alguna vez, pero tampoco podrá visualizar, casi como si las tuviera delante, su orden en concreto o su mensaje.

Se habrá perdido todo para siempre con la muerte de estas palabras. Y morirán como lo hacen los anónimos, en un rincón en silencio, para no molestar. Fuera del alcance de oídos que pudiera recoger su último aliento. Lejos de cualquier atisbo de salvación.

Estas palabras ya se van diluyendo, incluso ahora que las escribo, más aún después, cuando las lea. Ya se me están colando entre las rendijas del teclado y gotean lentas, chorreando bajo los codos, hacia el manual de turno donde casualmente los apoyo. Ahí se mezclan con lo que debería estar estudiando aunque mi mente intranquila se niegue a ello.

Estas palabras no buscan salvación ni la quieren. Nacieron con la certeza de que nada es para siempre, incluyendo este espacio o cualquier otro. En cualquier momento puede golpearlas la catástrofe y desaparecer. Nadie les garantiza que no se esfumen de pronto, por accidente, y no pueda recuperarlas, por más que quiera. ¿Cómo buscar así perdurar, cómo pretenderlo?

Estas palabras mías, por tanto, no pretenden nada. Ni siquiera seguir negras sobre blanco para que sean leídas. Mucho menos que alguien se moleste en recordarlas, no olvidarlas, salvarlas. Nacieron, como tantas otras, al calor de un té, junto con una canción, en silencio o en cualquier otra circunstancia irrelevante. Crecieron una tras otra sin ser cuestionadas por su estructura, su forma o su contenido. Acabaron tomando una entidad propia, una luz las envolvía, y aunque fueron creadas por un chispazo momentáneo, fruto del  trabajo diario, saben cuál es su lugar y su meta: saben que son algo pequeño, que a la vez no son nada.

Estas palabras dejarán de existir algún día. Pero mientras todavía palpiten, respiren, mientras su cuerpo tipográfico sea visible, se aferrarán a la vida. Lo harán con la fiereza del que todo quiere conquistar, arrastrando a su paso cuantas emociones se crucen por su camino, porque para eso fueron creadas. A pesar de la certeza del final seguro e inevitable ese es su destino inmediato.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por leer esta entrada de Una enfermera rodeada de cerezas.
Los comentarios hacen crecer los blogs. Comenta y serás respondido.