Tienes media hora

Dame una hoja en blanco y un bolígrafo, que mientras esté haciendo cualquier tarea, repetitiva o no, estaré llenándola de garabatos que se irán transformando en palabras e historias.

Tienes media hora antes de volver a leer, repasar, esquematizar y demás trabajo aburrido del que te evades al final cada día como una campeona tecleando, que cualquier cosa es más divertida. Y te entiendo perfectamente, pero tú estás aquí no para confiarte, estás para repasar, para aprender, para aprovechar el tiempo. Demasiado pronto para empezar a levantar el látigo interno, pero si deseas que las horas signifiquen algo y no un mero transcurrir de minutos sin nada más, sin sustancias, no empieces con esa dinámica.

Tienes media hora, como digo. Digamos que es la primera tregua que te doy, la primera evasión del día, que te conozco y el mediodía de escritura no lo vas a perdonar. Ya tendrás alguna idea de la que tirar del hilo. ¿Recuerdas cómo llevas posponiendo estos días ponerte con ese relato que debes entregar? ¿Recuerdas lo que tienes pendiente de escribir y que te pesa, porque quieres hacerlo ya? Para eso irás aprovechando esa media hora libre, una hora si quieres ampliar el periodo, de acuerdo, pero no entre folios y apuntes, no ahí.

Por cada duda, por cada momento de no saber qué hacer, aquí estas, frente al folio o la pantalla en blanco. Se ha convertido en costumbre. Qué digo que se ha convertido, siempre lo ha sido.

Ocurre algo en tu interior. Es como si hubieses digerido el EIR anterior, su resultado y el proceso que te llevó ahí y lo hubieses unido a la receta de los ánimos de este año.

Ocurre algo en tu interior. Las dudas no tienen forma de un examen, sino más bien de todo lo que hay en la periferia, lo que rodea tu vida.

Y al final, de la media hora, te pasas quince minutos borrando y recomenzando, tachando y descartando. Los siguientes diez pensando a ver qué vas a escribir esta vez, que no te sale nada, que estás en sequía, con lo que has sido tú siempre improvisando. Entonces, a cinco minutos de que suene la alarma que te va a llevar de vuelta al repaso, te das cuenta: en los primeros diez minutos te salió exactamente el hilo del que necesitabas tirar y que, en un ataque de "no me gusta" agudo habías descartado.

Al final lo que te pasa, alma de cántaro, por lo que te cuesta tanto enfrentarte al estudio es que estás dispersa. Tu mente está más pendiente en hilar historias que no tienen nada que ver aquí y te alejas, te alejas cada vez más. Tu cuerpo seguirá aquí, por supuesto, ese no se mueve ni un centímetro, pero tu mente va devorando los kilómetros, se marcha y ni siquiera tiene el detalle de mirar atrás.

¿Recuerdas esta sensación? ¿Recuerdas cómo trabajabas con ella? Vuelve a hacerlo, sabes que puede, sabes que lo consigues si lo intentas. Tienes media hora.

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