10 dic. 2015

El peso del tiempo en diciembre

«Implacable, se cierne sobre nuestras cabezas y nos hace sombra cuando fijamos la vista en el papel. Cada vez pesa más y más.»

El tiempo, ese gran amigo y enemigo en la recta final. La presión de la cuenta atrás cada vez se siente con más fuerza y ante esto solo quedan dos opciones: seguir, poniendo toda la carne en el asador, o tirar la toalla y dejarse llevar. La segunda opción ni la contemplo.

Para poder llevar mejor esta sesión de látigo interno diario mientras repaso y estudio lo ya mirado y leído mil veces mi neurona tiene activado el iPod/MP3 interno casi todo el día. Cada dos por tres me sugiere algún tema distinto y a base de tirar de preferencias y sugerencias se lleva mejor esto. Eso sí, si eres de naturaleza nerviosa e inquieta, de las que necesitan hacer algo siempre y se dejan enredar con cualquier cosa con facilidad, es más probable que esto te haga moverte más. Me veo tocando la batería a doble bombo como siga así de aquí al día del examen.

También, y por qué no decirlo, el puente lo he aprovechado para recargar las pilas de cara a lo que queda. Ha servido para desconectar un poco, que lo necesitaba, y respirar. Tocaba coger aire para hacer el final del camino en condiciones. Teruel existe, señores, y agradezco haberlo visitado en estas fechas.


Diciembre supone para mí desde hace tiempo un mes paréntesis, un mes donde tengo demasiado pendiente, se me acumulan en las manos los proyectos viejos y nuevos. Busco hueco para terminar todo lo posible y así aprovechar el impulso de la ilusión que me da tener nuevos a los que dedicarle atención. Este año no es diferente a los anteriores y, entre lo viejo, de lo que me quiero deshacer, está el dichoso EIR. Decir que quiero hacerlo, quitármelo de encima, sacar mi plaza y ser residente son cuatro palabras mal contadas que no expresan el cúmulo de pensamientos y sentimientos que tengo al respecto.

Ahora es cuando me pesa más el tiempo, me agota más diciembre y me tiene escribiendo al mínimo. Esos pensamientos y sentimientos respecto al EIR son una losa que no se la deseo a nadie. Y no es una losa de nerviosismo como tal, ni ansiedad, nada de eso. Se trata más bien de un cansancio infinito, un cansancio acumulado de cuatro años haciendo lo mismo, de cuatro años luchando por un sueño que tengo clarísimo que quiero conseguir y que se resiste de mala manera.

Joder, hablo de cuatro años estudiando de verdad, haciendo buenos exámenes, quedando en un número de orden digno. Hablo de cuatro años viéndome a las puertas de conseguirlo, de verme mejorar y hacer mejores exámenes sin que se refleje luego en el resultado. Le pongo ilusión, le pongo ganas, las tengo, me siento preparada, pero a la vez sigo con el cansancio infinito encima, eso no me lo quito por más que luche y patalee contra él.

Así que digamos que el tiempo, mi tiempo, mis cuatro "temporadas" de preparación de examen son el ancla con la que navego. Los viajes, la escritura y la música, las velas con las que capeo el temporal que tengo encima. Diría que así cómo pretendo surcar el mar y llegar a buen puerto, pero estoy convencida de que lo lograré. A veces la voluntad es la corriente más poderosa y más propicia para conseguir el rumbo hacia el destino que luchas por alcanzar.

Contra viento y marea lo conseguiré. Lo tengo demasiado claro.

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