Sobre la cuarta cuenta atrás

Cuando me dije a mí misma hace un tiempo que no quería volver contando batallitas sobre el EIR en mi blog obedecía a varias razones.

La primera y más clara de todas, porque ese tiempo que pasaba el domingo por la tarde (casi nunca) o el lunes por la mañana (la mayor parte de las veces) escribiendo una entrada sobre el tema me estaba quitando un tiempo que prefería dedicar a otras cosas, como apretar más en el estudio. No puedo decir si estoy aprovechando más el tiempo que antes, soy una procrastinadora demasiado buena cuando surge, pero sí diré que estoy haciendo otras cosas, centrandome más y siguendo el consejo de mi tutor para mejorar y enfrentarme mejor a los apuntes.

El segundo motivo de peso era que sentía que me repetía, que no estaba aportando nada diferente a lo que ya llevaba hablando desde hace cuatro años, y prefería centrar mis energías en el tecleo de otro tipo de textos, si es que surgían. No diré, por cierto, que el tiempo que le dediqué hasta entonces fuese improductivo, me sirvió como desahogo y, por supuesto, disfruté mientras lo hacía, no fue algo horrible ni mucho menos. Pero no sentía tanta necesidad como en un primer tiempo de escribir tanto sobre lo mismo, me notaba saturada.

La tercera razón era un poco más literaria: escribo. Mi segunda pasión en la vida (la primera es la enfermería y la tercera la música) es la literatura y llevo escribiendo un montón de años. De hecho, hice cuentas hace poco, porque me preguntaron, y ya son unos doce años plasmando palabras en papel. Así que es comprensible que esta faceta de mi vida, bien alimentada con ingentes cantidades de música (ya dije que es mi tercera pasión) y aderezada con tanta enfermería como ahora me trago a diario entre tanto apunte, precise también su ración de atención. Me niego a dejar abandonadas mis letras durante meses solo por preparar un examen, jamás lo he hecho y mi salud mental exige ración de papel y pluma para que mi neurona se mantenga cuerda (dentro de lo que cabe, tampoco vayamos a exigir imposibles ahora) y siga funcionando como debe. Además, es algo que me tomo en serio, no un mero puñadito de letras sin más, así que prefiero centrar mis esfuerzos y dedicar mis ratos de escritura en el ordenador, esos que uso para desconectar del estudio, a producir algo más, a ese trabajo silencioso.

El cuarto motivo es mucho más personal, una mezcla de lo que me trae ahora mismo a escribir este post: son ya cuatro años estudiando lo mismo, leyendo lo mismo, enfrentándome a lo mismo y tengo un cansancio interno que me tiene más que harta del universo en general y del mundillo EIRiano en particular. Tanto tiempo con lo mismo cansa y quema al más pintado, no creo que esté contando nada nuevo bajo el sol. Es por eso que necesitaba poner esa distancia entre blog y estudio. Hay días muy buenos en que da gusto cómo avanzas y días que ni a tiros te sientas y rindes. Cada vez sentía que tengo menos que contar, como si todos los días fuesen iguales unos a otros, es la sensación que me queda tras cuatro años.

Ese es mi pensamiento más recurrente últimamente: la cuarta cuenta atrás que hago de los días que faltan para el examen. La estoy llenando de música y de futuros proyectos que me muero de ganas de empezar, pero hasta entonces tocará desesperar, esperar y, por supuesto, seguir contando los días que faltan mientras estudio y mancho de tinta cuantas hojas del cuaderno se me pongan por delante.

Por suerte para mí, y contradiciendo un poco a Lecter, de ansiedad nada por el momento. Sigo tan tranquila como todos estos años atras, se ve que hay cosas que no cambian. No todo iba a ser tan malo.

Y bueno, aquí vengo con una entrada donde hablo del EIR, aunque sea de forma un poco indirecta. Llevo varios días con ese lado dentro de mí (mi neurona, para qué disfrazarlo de otra cosa) diciéndome que ya iba tocando escribir algo, pero tampoco me salen demasiadas palabras al respecto de todo lo que tengo dentro ahora mismo. Está todo como atado en un nudo y, supongo, cuando me quite el examen de en medio saldrá todo mejor.

Al menos sé seguro que pase lo que pase tengo planes, ilusión, nuevos proyectos con los que enredarme a placer (qué me gusta tener algo entre manos siempre, por favor) y, seguramente, más con lo que actualizar mis Cerezas. Ojalá consiga la plaza por fin y me quite este peso de encima, necesito seguir avanzando en mi vida.

Comentarios

  1. Esa sensación de déjà vu con el EIR - y con cualquier cosa por extensión-, debe ser cansina, extenuante y agobiante. Por eso admiro tanto a los que lo repetís sin tener otra especialidad, porque lucháis por lo que queréis llueva, truene, nieve o tengáis el viento en contra.
    Me alegro muchísimo de leer que estás tranquila. Al fin y al cabo, la veteranía es un grado y de cada convocatoria se aprende.
    Ay, ¡si es que tu tríada perfecta también es la mía! Yo lo adoro, son tres de mis cuatro pilares, sin ellos no sería ni la mitad de lo que soy. A darlo todo... con todo.
    Mucho ánimo, Isi (aun a riesgo de repetirme, pero es que es así: lo que más falta hace y a veces lo que más se da por hecho que nos sobra).
    ¡Besazos!

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    Respuestas
    1. Es una sensación de aburrimiento mortal continuo, lo más cansino del universo. Me aburro estudiando lo que no te puedes imaginar, pero se intenta igualmente, que hay que conseguir metas (y netas).

      Gracias por tus ánimos siempre, en todo momento. Nos leemos, besos.

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