Letras salvadoras

La primera vez que las letras me inundaron todavía era demasiado pronto para ser consciente de ello, así que hice lo que cualquier crío hubiese hecho: rotuladores, folios, lápices y a tratar de contar qué era eso que se me había ocurrido. Con dibujos y todo.

Ha pasado ya muchísimo tiempo de aquello. Ha llovido más aún.

La antepenúltima vez que me sentí llena de letras, llena de ganas de narrar, sirvió para que me lanzase a esto de la escritura y a partir de entonces no lo pude dejar. Significó algo más que un poema casual o un texto rápido muy de tarde en tarde, hubo algo más. Empecé a jugar con tramas, a equivocarme, a avanzar, a pifiarla como nunca y acertar a veces. Me sirvió para que el germen de una idea que me ha venido acompañando hasta ahora apareciese en mi vida.

Por medio, o más bien a principios de la siguiente etapa, fue cuando abrí mi blog literario, mi segunda casa.

Y es que esa penúltima vez que las letras me inundaron y se hicieron hueco en mí significó mucho, muchísimo, más allá del nacimiento de ese blog incluso. Hay que decir que empezó mucho antes de que diera ese paso, digamos que crear mis Cartas fue un punto necesario en el proceso, de la mano con dicha idea. Hubo intentos, hubo ganas, hubo comienzos y recomienzos. Hubo momentos de abandono y de volver a intentarlo. Por más tiempo que pase y más errores que tenga siempre será mi primera, mi salvadora, demasiadas cosas muy difíciles de plasmar.

Porque gracias a mi primer proyecto seguí adelante y pudieron venir otros.

La última vez que las letras acudieron a mí fue de forma inocente con algo que no tenía muy claro cómo acabaría, si pasaría como de un tiempo a aquella parte que tras unas cuantas páginas (treinta, por ejemplo) lo acabaría dejando por no cuajar como debiera. Pero escribí, escribí mucho, cada poco acudía a mí algo que me hacía empuñar el bolígrafo a toda prisa. El culmen fue el punto y final, dar por finalizado mi poemario tras tanto tiempo ocupada con otras cosas que lo literario casi había pasado a segundo plano. Me había sentido hasta entonces con historias por contar y sin poder hacer ni una decente.

Tras ello, para mí había sido como pasar página, tener una nueva en blanco frente a mí y no saber con qué rellenarla, a pesar de las ganas de hacerlo.

Ahora siento que las letras han vuelto, están las ganas, me apetece tanto que es un impulso irresistible al que tengo que hacer frente a diario si quiero seguir avanzando con el estudio. Lo utilizo de recompensa diaria por los objetivos diarios conseguidos porque así, de paso, consigo hacer de la sesión diaria algo más apetecible.

No sé cuánto me durará esta nueva etapa, pero sé que pienso aprovecharla al máximo porque es precisamente cuando siento que las letras me atrapa cuando más viva me siento. Y no quiero perder esa sensación ahora mismo por nada. No cuando es lo que más me está animando para seguir adelante, para continuar, para tener tantas o más fuerzas que antes.

Gracias, literatura. Como siempre, salvadora.

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