Blood on blood


He vuelto a engancharme a una canción. Como me pasa cada poco, que mi oído se pasea por medio Youtube o Grooveshark, oyendo viejos conocidos o a nuevos por conocer. Como siempre que hay algún tema que por algún motivo en concreto decide engancharse a mí y pasearse por mis sentidos y creatividad. Esta vez se trata de una canción que no conocía de una cantante que hacía tiempo que no oía. Sabe a reencuentro en realidad.

Sabe a madrugadas de primavera, verano, otoño e invierno. Sobre todo de primavera y verano. Sabe a junio, a exámenes finales. Como en su día me supo el Fear of the dark o The trooper.

Semeja tinta fresca sobre el papel, mano que se pasea por enésima vez de folio en folio con el tintero al lado. Semeja un garabato al margen mientras cae el colacao fresco de las dos de la mañana, esa hora bruja a la que mi reloj biológico le da por gritar invariablemente cada noche que tengo hambre y es hora de saciarla.

Huele a noches en vela que luego son agradecidas. Huele a descanso por medio, textos que nacen de madrugada, vuelta a seguir con las pilas recargadas.

Suena a silencio alrededor, a todos dormidos, al único habitante despierto en esos momentos. Suena a un placer interno suma de muchos factores, al aquí y al ahora, a esa hora que el reloj muestra implacable y que, lejos de significar derrota, significa triunfo. Suena a lucha, a sacrificio, a meta que se acerca paso a paso.

Se siente intensidad. Se siente subidón de adrenalina, como otras veces he sentido con canciones como Feuer Frei!, ese momento en que te notas que a partir del primer acorde vas a rendir al doscientos por cien. Una recarga interna, un empujón moral en el momento preciso.

Anna Tsuchiya, tu Blood on blood me sabe a gasolina. Y sabemos lo que eso significa.

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