Pour ma princesse

Ella es una princesa, aunque muy pocos en este mundo sepan verlo. Su voz sigue con la misma dulzura de siempre, aunque tiene matices de dureza que los años le han ido salpicando con palabras y frases. Sigue con las mismas alas de siempre a la espalda, siempre listas para emprender un vuelo a reinos lejanos, aunque a veces las disimula para que no se las dañen.

Hoy no es uno de esos días. Hoy es el día en que sabe que debe usarlas y lo hace. Ya no lleva la melena castaña de bucles de antaño, tan suave y esponjosa como ella, ahora su pelo está corto, liso y negro. Sus ojos marrones brillan con la ilusión recuperada de quien lleva largo tiempo trazando trayectorias entre las nubes y sabe que pronto seguirá una de ellas.

Ayer hizo la maleta. Guardó en ella cuanto quiso hacer imprescindible. Empaquetó recuerdos y vida, esperando que todas sus expectativas en destino se vean realizadas con el tiempo y trabajo, mucho trabajo. Eso no la asustaba, pero tenía aún así un nudo en el estómago.

Es una princesa, pero ha renunciado a los colores brillantes y alegres. Se ha enfundado en ropa para tiempos más fríos de los que vive ahora, colores neutros (podrían decirse que tristes y opacos, si no fuese por la luz de la ilusión, que ilumina su rostro y lo compensa todo). Se ha levantado temprano, muy temprano esta mañana, desafiando a cuantos recuerdos deja atrás y ha vuelto a mirar el cielo.

Ha vuelto a trazar trayectorias.

Ha vuelto a mirar sus alas de mariposa.

Ha vuelto a abrirlas.

Y ahora mismo vuela, vuela tan lejos como se encuentra su reino.

Bon voyage, princesse.


[Disculpa el retraso de la dedicatoria. 
Te deseo toda la suerte del mundo en tu nuevo destino.]

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