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Viajes en tren

Me dedico a apuntar en mi cuaderno, siempre compañero fiel, todo cuanto se me va ocurriendo. Los puntos de referencia del recorrido de este tren, por ejemplo, son los que adornan las páginas ahora, en este momento. Y sentiría un placer inmenso si este tren, este viaje, durase todo lo que quisiese para estar cómoda, oír música y no parar de crear, crear sin parar. Como en este trayecto entre Valencia y Madrid.

Lo malo es que entre Madrid y Málaga paso el tiempo entre tanta gente que parece un autobús, lleno de jaleo. No fue nada placentera esa parte de trayecto ni mucho menos. Se me hace el viaje largo, eterno, sofocante. No puedo estar tan cómoda como antes ni de lejos, cuando tanta gente está haciendo escándalo. Además, la “vecina” de pasillo, la que se sienta más cerca, tiene un ojo puesto en lo que hago, no para de mirarme, y aunque no me importe que vea lo que hago, que vea mis apuntes de anatomía por ejemplo, me está poniendo muy nerviosa con tantas miradas.

Por delante aún quedan kilómetros, muchos.

Añoro esa extraña comodidad que tuve antes de hacer el trasbordo en Atocha. Éramos tan pocos en el vagón, y cada uno a lo suyo, sin molestar al de al lado. Tenía la ventanilla para mí, con lo que adoro estar ahí, admirando el paisaje. Quise robar alguna foto a lo que veía, y por el reflejo del sol en el cristal no pude hacerlo como quise.

Me permitía todo eso desconectar, sentirme ausente y lejana, viajera que va de un lado a otro del mapa y que, por el camino, se encuentra con esa neurona, vieja amiga a la que hace tanto tiempo que no ve. Intercambio de saludos, comentario de impresiones, y luego silencio. Ambas conectadas. Ambas unidas en una comunión que es difícil de explicar. La música clásica fluyendo por los auriculares. Esa comprensión que se escapa a mis sentidos y a mis dedos que intentan, lentos ellos, atrapar pensamientos que vuelan a mi alrededor a velocidades tan altas que solo puedo ver de refilón sus colores.

Anoto, anoto sin parar, me dejo llevar, esperando y casi deseando que, al volver y sentarme frente al teclado, todo fluya como ahora y poder hacer que todas esas notas inconexas en apariencia, caóticas ellas, tengan algún sentido que pueda desentrañar.

Por motivos así adoro viajar en tren. Me encanta crear.

Comentarios

  1. Cómo te comprendo. Me encanta viajar en tren, no sé qué se me infunde pero también me pongo creativa, reflexiva, me relaja una vez hemos dejado el andén... :)

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  2. Tuve cinco horas por delante para todo eso, lástima que las últimas dos y media se empañaran por la de gente que había (y unos niños armando barullo), costaba pensar en otra cosa así, la verdad.

    ¡Besos!

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