23 may. 2010

Adicta

Cuando las venas llevan notas y notas de riffs acelerados, solos potentes como ellos sólo pueden acelerar el organismo, ritmos frenéticos de baterías y letras de tiempo atrás o más recientes que te retumban y elevan los ánimos. Cuando llegas al punto que el silencio se te antoja caprichoso y vacío, sin sentido, y sólo deseas más y más dosis aún notando que llevas alimentándote de aquellas notas durante dos días. Cuando sólo puedes silbar en un vano intento de llenar el aire con las notas que tienes en la cabeza y retumban a tu alrededor como si estuvieran saliendo de un altavoz, entonces lo sabes. Te diste una sobredosis. Eres adicta.

Si, encima, cada nota que sonó fue distinta de la anterior, independiente y especial. Si cada letra te cuenta un trozo de la historia desde un ángulo distinto, siempre necesario. Si cada canción es una pieza del puzzle tridimensional de la mente, donde las piezas a veces encajan y otras veces sobran. Si, encima, has encajado algunas de esas piezas, entonces lo sabes. Necesitabas esa sobredosis. Eres adicta.

Si de casualidad empiezas, pruebas y buscas sin parar, ellas te encuentran. A veces se quedan en la superficie, tocándola y rozándola levemente, levantando a su paso ondas que luego se calman. Otras penetran en el alma y se quedan, supongo que queriendo vivir para siempre en tu interior, buscando su supervivencia y vivir en tu vida. Ellas te encontraron, tú nunca las encontraste. Y entras en simbiosis. Eres adicta.

Dos se clavaron en mi alma, hondo, en lo más profundo y de ahí no quieren salir. Se niegan y llevan todo el fin de semana ahí, viviendo en mí y por mí. Ellos fueron mi dosis, yo las necesitaba. Soy adicta.

Por ellas, subiré al cielo, caminaré de puntillas por las escaleras que me llevarán a contar estrellas de lado a lado del mundo. Por ellas no me importará la distancia, nada más importa. Estaré en el cielo, sentada en el último escalón de aquella que me trajo a estas alturas y contemplando la vida desde la lejanía, pero sabiendo que estaré cerca, no importa la distancia.

Por ellas, sólo por ellas. Por sus letras, por su música. Porque han conseguido devolverme a mis letras, a mi neurona. Porque son tan especiales que les dedico estas letras que ellas me inspiraron.

Porque la música es y siempre será el catalizador más potente de los sentimientos. Porque soy adicta a la música. Nothing else matters, yo sólo quiero sentarme en mi Stairway to heaven.

5 comentarios:

  1. Magnífico, soberbio, sublime... Me ha encantado esta entrada.
    Yo soy adicta a tus letras, no es grave, ¿no?

    Un besazo manita!

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  2. Hay melodías que son para ser escuchadas, para engancharnos a ellas. Me encanta.

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  3. k bonito, me recuerda a vivo per lei

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  4. Absolutamente me ha encantado esta entrada.

    Yo también soy una adicta a la música, supongo.

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Gracias por leer esta entrada de Una enfermera rodeada de cerezas.
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