7 sept. 2016

Inicio de septiembre


1. Septiembre llegó con trabajo en una unidad en la que estoy encantada de estar y en la que el tiempo se pasa volando. Por primera vez en mi vida celebro mi cumpleaños trabajando, con unas compañeras maravillosas y un turno tranquilo. Ojalá más así.

2. Vino también con un fin de semana de desconexión de los que el cuerpo te pide y necesitas darle, de poner tierra por medio y que las horas te traigan fuerzas para afrontar los retos que te esperan. Ojalá hubiese sido más tiempo, sólo siento que me faltó una buena sesión de tetería para que estuviese completo.

3. Apareció septiembre, de paso, con la rutina a cuestas. Ahora con más ingredientes a mi cóctel acostumbrado de estudio EIR y escritura. Pero este verano me ha sentado tan bien que me siento con fuerzas de sobra y ganas como para hacerle frente a todo y poder con ello. Nunca me asustó luchar por lo que quiero, ahora mucho menos.

4. La inspiración parece que se va asomando, tímida, y está empezando a llamar a la puerta. Pide permiso para entrar a mi vida porque, ya se sabe, cuanto más liada estés más ganas tendrás de dejarte la piel en el papel. Y hay costumbres que no pueden perderse por nada.

5. Conversaciones que te ayudan a desbloquearte, bienvenidas seáis. Amigos que te entienden y comprenden, que te ayudan y aconsejan, loados seáis. Ideas que empezáis a andar por vuestra cuenta, como si por fin encontrarais vuestro camino, dichosas seáis.

6. Y de pronto te encuentras con mil tareas pendientes, la agenda echando humo, las horas del día limitadas por los horarios que no puedes cambiar y van surgiendo más planes, más cosas que hacer. Las ideas aparecen por tu camino cada dos pasos y empiezas  a ver nuevas formas, nuevos patrones. Lo mismo va siendo hora de darle forma a todo, ahora que todavía puedo controlarlo.

7. No hay nada como volver del turno de mañana y tirarte después de comer en el sofá a terminar el libro que te lleva enganchando días. Tampoco hay nada como pegarte una carrerita con World Painted Blood de fondo. Ambas opciones te alinean los chakras de golpe y te da energía para afrontar lo que sea, comprobado.

21 ago. 2016

Rascar matices en tinta

Busco refugio entre tus páginas. Aquí y ahora entran las dudas por la puerta de casa y se instalan en mi salón, deciden quedarse conmigo un rato. Nos tomamos un té que compartimos a medias, todos convidados en la misma taza, mientras el reloj vuela y alrededor todo se paraliza.

Una vez más quedo pendiente de lo que surja entre mis dedos, pero cuando quiero mirar, cuando voy a encontrar, no aparece nada. Como si la sensación -casi anticipatoria- de lo que espero fuese lo único tangible aquí, la evidencia no existe.

Desvarío treinta veces por segundo, entonces es cuando me digo a mí misma que toca cambiar, que lo mismo me he equivocado en algún punto. Quizás sea una equivocación entera, puro error completo, de cabeza a los pies. Que no sé ni orientarme, ni qué busco, ni qué quiero, ni lo que odio, ni lo que deseo.

Se me pierden las preguntas entre las costuras, se cuelan, se escurren y se escapan hasta inundar todo a mi alrededor.

La última vez que quise entender acabé del mismo modo que hoy: con toneladas de palabras desechadas, buscando un mapa con el que poder orientarme, con todos los rumbos posibles por delante. Con mil tareas pendientes, porque me cubro con ellas. Con las metas a las que apunté a una distancia que todavía no controlo, porque ni siquiera sé si algún día las conseguiré o me quedaré por el camino antes.

Y aquí estoy, divagando, perdida, volviendo al principio mientras lucho por encontrarme. Tengo la evidencia del que sabe que algo de lo escrito, de entre el millar de palabras, hay un resquicio que brilla, que merece la pena. Pero para llegar hasta ese breve destello me he perdido y me sigo perdiendo por el camino. Y lo que me queda, insisten mis dudas mientras agradecen la taza de té antes de marcharse.

Seguiré rascando matices en tinta mientras, por si acaso.

2 ago. 2016

Anochecer junto al asfalto

Sostengo el peso de la avenida
y la apaciguo
con el transcurso del camino
entre mis pasos.
Mi piel protege
el esqueleto que asoma tímido
por sus esquinas.
Aprietan las costuras,
se desvanece bajo las farolas,
y bailan
con la música invisible
del que nada cree y todo ve lejano,
del que se siente un feliz extraño
en un mundo encantado de conocerlo.

El peso de la avenida se amortigua
bajo mis pisadas distantes.
El aire oloroso y fragante de las huertas
aún se cuela por las ventanillas
y en mi piel se erizan las señales
por las que a tu paso
y a punta de pájaro,
a vuelo de dedo,
trazo mapas donde perdernos.

Seguimos en la tierra de los versos
donde me descubro un día
y al siguiente soy otra
y al otro
y por cuantos ojos vea en mis caminos
hay trece millones de historias.

Aquí sigo, entre imágenes,
mientras la avenida me abraza de nuevo.
Anochecer junto al asfalto
significa que el papel se convierte
en apéndice de mis entrañas.
El peso de las farolas me mecerá
con su luz amarilla
mientras mis órganos tiritan.